La arena rojiza de las majestuosas iglesias talladas en la roca llega hasta mis sandalias y yo siento aún más dentro de mí la dulzura de la miel de Lalibela. Frente a mi, una humilde casa de piedra tallada con un letrero «Lalibela Food Company ONG». Se abre la puerta y una veintena de niñ@s morenos y risueños nos contemplan. Si, porque no entro sola; somos siete mujeres llegadas de diferentes poblaciones de Tarragona (S. Pere i S. Pau, Vilaseca, Reus, La Secuita, Villallonga del Camp y Tarragona ciudad), que venimos a aportar nuestro granito de arena a este proyecto humanitario que gestiona Mercedes, nuestra compañera de solidaridad.
Hemos estado durante meses «sembrando» entre nuestras amistades, familiares y conocidos y llevamos consigo nuestra cosecha para ofrecer a los muchach@s: Material escolar, estuches, gafas de sol, medicamentos, camisetas y gorras, piruletas vitaminadas…
Las cabecitas se van decorando y los cuerpecitos vistiendo… La bocas, en cadena, se van entreabriendo con una sonrisa al ver los regalos, chorrean golosina anaranjada… Ya acabaron la injera que les ofrecen a diario y sus estómagos están satisfechos.
¿Pueden pedir más nuestras retinas? Realmente es cierto que el da es a la vez el que más recibe.
